Inmortalidad, ¿Realidad o Quimera?

«Y al día siguiente no murió nadie». Así comienza José Saramago Las intermitencias de la muerte, una novela en la que un 1 de enero de no se sabe bien qué año los humanos dejaron de morir, planteando un problema de tremenda magnitud para la sociedad y un desafío demográfico difícil de imaginar.

Con esta frase comienza el gran Saramago una de sus novelas más apasionantes, y con este párrafo, comienza el artículo publicado en la sección de Ciencia de la web de El Mundo, en alusión a un encuentro que tuvo lugar en Julio de 2014 sobre “Inteligencia artificial y Porvenir de la especie humana”, dentro de, los siempre interesantes cursos de la UIMP (Universidad Internacional Menendez Pelayo).

Recuerdo perfectamente la lectura de este artículo hace casi 3 años. José Luis Cordeiro, profesor de Silicon Valley,  y un conferenciante de Neurociencia bastante avezado, hablaba del momento no muy lejano,  en que la inteligencia artificial, alcanzaría a la inteligencia humana. Y no solo eso, sino, que la inmortalidad estaba a nuestro alcance a tan solo unas décadas.

En esta época yo estaba inmersa en procesos de gestión del cambio, planes de desarrollo de personas, programas de mentoring  y otras muchas acciones que realizan las multinacionales y que, a pesar de ser muy necesarias e interesantes, raramente ven la luz de una manera exitosa. Probablemente, y aunque su lectura me resultó inquietante, me interesaba más terminar los insufribles procesos de Performance y que pudiéramos irnos de vacaciones con la conciencia tranquila y el deber cumplido.

 

Han tenido que pasar unos años para que, (ya dedicada a mis pasiones de la Neurociencia y el Coaching) , en cuestión de solo unos días, se fueran juntando las piezas de un puzzle y comenzara a tener otra perspectiva. En una semana, junto a José Luis Cordeiro y su discurso sobre la inmortalidad, se produjo el descubrimiento de  un genial Rafael Yuste, médico español, ideólogo del programa BRAIN, (Brain Research Through Advancing Innovative Neurotechnologies), y la película de Enigma ( en V.O The Imitation Game), acerca de Alan Turing, matemático y creador de lo que hoy en día es la informática moderna y precursor de las bases de la inteligencia artificial.

¿Por qué ahora? Por qué, en un corto espacio de tiempo me ha inundado toda esta información? Más allá de alimentar mi tesis de andar por casa de que todo sucede por algo, y no en cualquier momento, sino en el momento adecuado, me fui a la cama intentando darle forma a este post, con una especie de esperanza proyectada y unas increíbles expectativas acerca del mundo que me esperaba. Nada más y nada menos que un lugar en que los robots iban a trabajar por nosotros y además siendo inmortales; lo que para mi implicaba tener todo el tiempo del mundo, tener tiempo para estudiar, viajar, conocer, divertirte…..

Como dijo Obama cuando presentó el proyecto “Brain” ante la comunidad internacional : Somos una nación de soñadores ( yo lo extrapolo a la humanidad entera) , a veces para hacer las cosas posibles hay que acercarse a los límites de lo imposible, y cuando llegas, ves que se ha hecho realidad. Existe por tanto la imposibilidad, o simplemente que lo difícil tarda un tiempo y lo imposible un poco mas?? Creo que simplemente es que tarda un poco mas. Lo mismo debió pensar Rafael Yuste, cuando se le pasó por la cabeza llevar a cabo su ardua tarea, algo sencillo como hacer un mapa del cerebro de todas las neuronas, toda la actividad cerebral registrada y disponible para poder entender y comprender al hombre, ese gran desconocido. Casi nada…..

Pero eso, amigos, en un alarde de hiper-realismo, me planteo: si no hemos conseguido que los humanos gestionen sus emociones en lo que llevamos de era humana, como pensamos hacerlo en la era post humana? Estudios en inteligencia artificial está demostrando que los robots no solo aprenden las cosas buenas sino las malas, los métodos de aprendizaje por observación y por modelado, son los mismos, por lo tanto, somos referentes y modelos para los robots.

Yo estaría encantada de tener como clientes a grupos y grupos de robots para darles cursos de gestión de personas, habilidades, de gestión emocional, coaching de equipos …. Pero creo que pondrían a otro robot de instructor, por eso de la igualdad, la empatía, por ser una persona de tu mismo grupo y….. es entonces cuando comienzo a delirar… serán los robots racistas? Desde luego es mucho mas bonito pensar en pseudohumanos con las mentes de Ramón y Cajal, De Severo Ochoa, Platón… ( a imaginativos no nos gana nadie…  ), pero me imagino un robot Hitleriano, con sus hordas de máquinas pensadoras, a las que se les olvidó meter el chip de la empatía, la humanidad, la compasión, la ternura…. Personajes no solo incorpóreos sino desalmados…. Uff… ….Y sencillamente en lugar de ir hacia el futuro me apetece mucho mas volverme a platicar con Aristóteles acerca de la naturaleza del alma mientras comemos un trozo de queso de oveja no biónica.

Porque lo que es realmente importante es estar sano, estar saludable durante el mayor tiempo posible. Ese es uno de los grandes retos, una de las grandes revoluciones en la manera de ver la enfermedad y una de las cosas que más avances nos va a dar, antes de ir hacia la inmortalidad.

Mientras mi cerebro no para de producir endorfinas, no puedo dejar de pensar en el siguiente Post sobre una figura para mi muy venerada, respetada y querida, Ramón y Cajal y su incuestionable influencia sobre Rafael Yuste, (y por ende, del proyecto BRAIN) y sobre el desarrollo de la neurociencia en España. Es entonces cuando vuelvo a la tierra y veo la realidad actual desde la imaginación y los sueños del pasado. Que la ciencia ficción del pasado es, en parte, la ciencia actual, no significa que todo lo que se imagine vaya a tomar forma, cierto que el submarino se llegó a inventar, pero afortunadamente, aun no comemos a base de pastillas con sabor a cocido, ni nos encontramos dinosaurios reales en el pinar de al lado de nuestra casa.

Por mi parte, volveré a plantearme la Inmortalidad el día que la popularización y el abaratamiento de la tecnología permitan que un niño del Tibet tenga la misma asistencia médica y las mismas oportunidades de supervivencia que uno de Estados Unidos.

Y pensándolo mejor, creo que la inmortalidad a la larga traería una gestión parecida a la de la película de la Fuga de Logan, donde la edad máxima de las personas era 30 años porque no había recursos para poder mantenerlos. Es decir, nos hacemos inmortales y luego ya tenemos una excusa para liquidarnos a nosotros mismos o inducir al suicidio masivo…. A mi ahora mismo, no me compensa, puede que me convezcan en otro momento, (poniendo una nota de humor “Josemotiano”) Mañaaana!!!

Como positivista declarada, defensora de los sueños hechos realidad, no puedo evitar indignarme,ante un mundo que promueve la inmortalidad para unos pocos a sabiendas de todo lo que queda por conseguir a nivel colectivo, un mundo que condenó al creador de la inteligencia artificial por ser homosexual y terminó suicidándose con una manzana con cianuro (aquí la verdadera historia del logo de Appel).

Sin embargo, termino estas líneas esperanzada, y orgullosa de pertenecer a una manada de animales que admiten sus limitaciones pero no se resignan, una manada en la que, afortunadamente, día a día se libra una batalla contra elementos transgresores que no creen en el futuro, ni participan en su construcción y desarrollo. Mientras tanto y dando respuesta al título de este post, para mi la inmortalidad no es ni realidad ni quimera. Es una posibilidad que el ser humano podrá plantearse cuando resuelva muchos otros temas pendientes.

Abramos nuestra mente, aprendamos del pasado, disfrutemos el presente y eso nos ayudará a construir el futuro que imaginemos.

¿Te apuntas?

 

Eva Prados

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