El libro encriptado, la importancia de que creamos en los niños

En ocasiones se nos presenta delante de nosotros, sin una causa aparente, información que capta nuestra atención de una manera impredecible. Este es el caso del Manuscrito Voynich, un libro fechado en el siglo XV y del que no solamente se desconoce su autor, sino que no se tiene ni idea de qué es lo que contiene. En pleno siglo XXI, donde ya estamos mas ocupados en conocer los sistemas solares recien descubiertos en otras galaxias, es poco menos que sorprendente que exista un libro del que no tenemos la mas remota idea de que es lo que dice. Sn duda un misterio apasionante!!!

Para aquellos que piensan que lo que la ciencia no pueda demostrar a día de hoy no existe, es mucho mas fácil de plantearlo, echando balones fuera, aludiendo a posibles falsificaciones o maniobras de algun vendepócimas sin escrùpulos. Sin embargo, para otros muchos, entre los que me incluyo, que pensamos en un mundo infinito por descubrir, me parece muy adecuado que este enigma sin respuesta, nos traiga a la tierra, nos baje a lo mas esencial del ser humano, la curiosidad por descubrir, la necesidad de aprender.

Esta curiosidad, que nos ha mantenido con vida desde que existimos, es ahora denostada, machacada, tapada y reprimida en pro de unas relaciones socialmente mas aceptadas.

«No grites», «portate bien», «no te subas ahi, bajate del arbol»….. tantas y tantas represiones y corsés que le ponemos a la curiosidad, a la experiencia, a la experimentacion…..

Desde que soy voluntaria en una Fundación y trabajo con niños con TDAH soy consciente, aun mas, de como, encapsulamos a los niños, como queremos imponer la forma de hacer las cosas, limitando esa mirada diferente, ese otro modo de razonar, pero que es mas pura y natural de lo que tomamos en general por normal.

Cuando le conte a Miguel, uno de mis maravillosos alumnos, con altas capacidades, aunque diagnosticado por este loco sistema como TDAH, la historia del manuscrito Voynich se le iluminaron los ojos…. todo comenzo como un juego, donde yo queria unicamente que practicara la narracion, y sin darme cuenta, me encontré con un maestro de la literatura dentro de aquel cuerpo de adolescente aun sin hacer. Un proyecto de genio, del que no me cabe la menor duda de que sera una de las mejores construcciones que haya visto.

Como si de Vazquez Montalvan se tratara, cuando estaba hilando el argumento de la historia y con la natural sorpresa como la que debio mostrar Fleming cuando descubriò su placa de Petri, me dijo, «no sabian los cientificos que este libro simplemente estaba escrito por una persona con disgrafia, que cansada de que todos los profesores le dijeran que tenian que inventar una piedra roseta para poder leer su letra (no sin antes decirle una y mil veces que tenia que mejorar porque no le entendían, como si el mismo eligiera hacerlo por capricho….), había inventado un idioma nuevo, que solo los niños con disgrafia, dislexia y alguna dificultad de aprendizaje podían entender«.

Una experta en TDA comentaba que no deberían llamarse dificultades de aprendizaje, sino dificultades de enseñanza. Todas las personas aprenden, unas de un modo y otras de otro. Los circuitos neuronales no siempre siguen los mismos caminos, pero también es cierto que a París se puede ir por mil carreteras,  llegaremos mas o menos tarde pero el destino es el mismo y finalmente se consigue.

Cuando comencé a trabajar con Miguel me di cuenta que lo único que necesitaba era que le escucharan, que creyeran en el. Su déficit de atención era solamente una etiqueta que justificaba unos malos resultados académicos, y un comportamiento en casa » fuera de lo normal». Recuerdo la primera frase que me dijo su madre en la primera entrevista,» es que mi hijo no hace nada bien».

En mi rol de coach, aunque haya aprendido a no juzgar y a pensar que todo tiene una intención positiva, aun podía pensar que ese comentario era fruto de la presión que la madre sentía, el agobio y frustración que se siente de no saber cómo actuar cuando tu hijo se sale de lo socialmente normal. Sin embargo, como madre y formadora, dificilmente puedo justificar este comentario.

Si esto sucede con un niño diagnosticado, en una familia acomodada de padres con varios masters y puestos de responsabilidad, pensemos qué casos podemos encontrarnos en entornos socialmente desfavorecidos, donde directamente estos niños tienen muchas mas dificultades para adquirir recursos y otros métodos de aprendizaje que les permitan desarrollarse en igualdad de condiciones.

En espera de tener mas capítulos de la historia de Miguel, sobre ese misterio que despertó su imaginación y al mismo tiempo era para el una llamada rebelde hacia sus profesores y padres, quiero dejaros unas reflexiones, que espero que puedan ir teniendo respuesta.

¿De quien es el supuesto «problema»? De los niños?,¿ de los padres? ¿o de sus educadores?

¿Dejaremos en algún momento los adultos de sobreproteger a los niños con TDAH y tratarles de manera normal, dándoles responsabilidad, creyendo en ellos?

Creamos en los niños, dejémosles que se desarrollen con normalidad, naturalidad, que jueguen, que rian y que vuelvan a confiar en aquellos con quienes conviven.

Eva Prados

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